La ventilación en verano funciona al revés de lo que muchos piensan. Abrir las ventanas al mediodía o por la tarde introduce aire más caliente que el interior, calienta paredes y suelos, y hace más difícil refrescar la casa por la noche. La clave está en una sola regla: abre solo cuando el aire exterior sea más fresco que el interior.
En verano hay dos ventanas de ventilación útil. La primera es a primera hora de la mañana, entre las 5 y las 8 h: la temperatura exterior está en su mínimo diario, claramente por debajo del interior, que todavía guarda el calor acumulado del día anterior. Abre todas las ventanas y crea corriente cruzada durante 20–30 minutos.
La segunda ventana se abre a partir de las 21–22 h, cuando la temperatura exterior empieza a bajar por debajo de la temperatura interior. Esta es la ventilación más importante del día: si la aprovechas bien, puedes bajar la temperatura del interior 4–6 °C antes del amanecer.
Truco sencillo: pon la mano en la ventana abierta. ¿El aire que entra se nota más fresco que el cuarto? Ventila. ¿Se nota más caliente? Cierra.
Entre las 10 y las 20 h en un día de verano típico, el aire exterior en ciudades españolas está entre 30 y 40 °C. Si el interior está a 26–27 °C, cada minuto con las ventanas abiertas introduce calor. Peor aún: ese calor se acumula en paredes, suelos y muebles gracias a su masa térmica, y lo irradiarán durante horas incluso después de que cierres.
En climas mediterráneos como Madrid, Barcelona o Valencia, la diferencia entre una casa bien gestionada y una mal ventilada puede ser de 5–8 °C a las 3 de la tarde.
OpenWindow.live comprueba en tiempo real si las condiciones son favorables para ventilar en tu ubicación exacta — temperatura, humedad y calidad del aire — y actualiza la recomendación cada 30 minutos.